domingo, 19 de octubre de 2008

Tristeza de un payaso



Cuando veo un payaso, cruza por mi animo una mezcla de sentimientos.

La sonrisa dibuja mi cara, mis ojos, mi animo y mi curiosidad. Pero también la tristeza inunda mi mente.

¿Porqué?
¿Considera mi mente mas el aspecto humano?


¿porqué cuando llora, los niños rien?


¿porqué cuando su cuerpo golpea el suelo despues de un tropezón, los niños y mayores se carcajean?


Cuando era pequeño y salía con mis padres del gran circo Atlas, y me dolía la mandíbula de las carcajadas que experimenté con los Hermanos Tonetti, alguien me dijo que aquellas lágrimas que me hacían sentir tan bien y reir sin parar, eran reales.


¿reales?
Sí... la madre de esos maravillosos payasos había muerto la noche anterior.
¿no es posible, dije?
Sus lágrimas me sumieron entonces en la mas increible tristeza.
¿me habia reido de su dolor?
si...me había reido de un dolor real.
Perdí toda mi inocencia. Semejante a cuando mi vecina Lola me contó lo de los Reyes...
Desde entonces los payasos me producen una sensacion de incertidumbre, de duda, de inquietud.
No sé muy bien si reir o llorar.
No sé muy bien que debo hacer.
Quizá eso me ha ayudado el resto de mi vida, he aprendido a relativizar lo negativo y valorar lo positivo de los demás.


Hay días que me siento como ese payaso triste que tiene que hacer sentir bien a los demás sin pensar en su propia felicidad.
¿Me hice mayor de golpe o me dejó anclada la vida en aquella edad por miedo a madurar?

4 comentarios:

Elisa dijo...

A mi no me gustaron las payasos nunca, ni si quiera de pequeña. Nunca me hicieron reir, sino que producían en mi -como niña- una mezcla de sensaciones relacionadas con el misterio de la identidad. Pensaba yo que el payaso de verdad no le hacía falta disfraz, ni una sonrisa postiza.
Supongo que la influencia del cine moderno ha hecho que los payasos me inspiren historias siniestras...Me ha gustado mucho tu post de hoy...un beso

Tu blogamigo de verdad dijo...

Gracias Elisa...
En el fondo todos somos un poco payasos alguna vez.
O hacemos el payaso-... a saber.
Un beso

brujita dijo...

Mi padre adoraba el circo en general... y cada año nos llevaba a todos los niños, hasta era capaz de hacer el viaje con la "recua" a Madrid, todos mis hermanos lo disfrutaban a tope, menos yo... a mi solo me gustaban los números en que salían chimpances, los payasos no los podía ver, del "tonto" sentía pena, al "listo" le odiaba por lo que hacía con el tonto...¡Un martirio!

Anónimo dijo...

Claudimar= BUeno no tengo nada contra los payasos pero nunca me an gustado por que siento su tristesa y su infelidad com si fuera mi culpa asi que prefiero no verlos ni escucharlosssssssss